El pulpo, del Bosque y el Barça no se equivocaron

Usar puntuación: / 1
MaloBueno 

Estas líneas se comienzan a escribir en el momento en que Alemania acaba de empatarle el partido por el tercer y cuarto puesto, demostrando que, a estas alturas del mundial, nada es seguro. Cualquiera que haya llegado hasta aquí puede hacerlo sin olvidar una de las grandes lecciones del mundial: el equipo que se confía antes de tiempo (Francia, Italia, Argentina, Brasil) decepciona cuando llega el tiempo de demostrar esa soberbia.

El himno español, sin letra, será uno de los que suene mañana en la final. El otro, el holandés, con una letra contradictoria que resume perfectamente el espíritu con el que asume el duelo la naranja mecánica, ese equipo cuya mayor gloria en la historia ha sido Cruyff, barcelonista como jugador, como entrenador, como artífice del cambio de mentalidad del equipo blaugrana. En su primera estrofa anticipa la superioridad a prori de la furia roja “Más fiel, con más fervor, / sin tacha, nada empaña / de Orange mi blasón, / al rey señor de España / rendí yo siempre honor”, pero en la décima que no llegará a cantarse en el terreno de juego afirma que "mi alma se atormenta, /oh noble pueblo y fiel / viendo cómo te afrenta / el español cruel”. Y sólo falta que España, la furia roja, para rendir de nuevo al holandés use ese juego que se resume perfectamente en la frase de Pujol: “Cada vez pienso más y corro menos”. El que domine la pelota, el que la tenga, el que se quede con el medio campo, será el que se alce con la copa tan deseada por ambos equipos, los holandeses por demostrar que a la tercera va la vencida, los españoles porque es ahora o nunca. Mientras tanto Alemania acaba de meter el gol de su victoria y quedarse con el tercer lugar.
Como siempre, y más en una competición de esta categoría, las declaraciones previas de entrenadores y jugadores son elogiosas con el rival (con la santa excepción de Maradona) y prudentes. La de la prensa, aventuradas: “España, llegó la hora” (ABC) o “La mejor selección de España de la historia camino de la gloria” (El País). A ponerse la roja, agarrar una pancarta y, como dice el grito de guerra de la furia roja “a por ellos”.
Comienza el partido y ninguno de los dos equipos despliega el juego al que nos tenían acostumbrados. La final de la Copa del Mundo cumple su maldición: ninguno de los equipos que llega a ella demuestra sus méritos. Una España que no puede desplegar su juego por las constantes faltas (un arbitro tarjetero, pero no cuando debía serlo) frente a un equipo bastante más sucio que lo que nos tiene acostumbrado y una Holanda que no puede lograr el contrataque porque, al fin, se encuentra con una defensa a su altura. Todo indica que nos vemos en tiempos extras.
Y vamos con la segunda parte. El mismo partido con una ligera salvedad. El héroe español es el portero, el capitán, el que debería levantar la copa. Dos ocasiones claras de Holanda salvadas por casillas y los intentos, los intentos de España. Nos vamos a tiempo extra.
Primera parte de los tiempos extras. Todavía no sabemos quién ganará. Cualquiera de los dos lo merece. La primera parte, complicada; la segunda, también. Pero Iniesta, el verdadero artífice del juego, merecía ese gol. CAMPEONES. CAMPEONES. CAMPEONES.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar